
El cambio histórico de los socialistas
El descenso del voto socialista y el auge de IU aconsejan que se coliguen para poder gobernar
Francisco Bustelo
La crisis ha demostrado que el egoísmo humano en que se basa la
economía de mercado, y que bien encauzado resulta eficaz, puede
desbocarse y convertirse en una codicia desmesurada de quienes manejan
los hilos de las finanzas, con lo que estas se deterioran y con ellas el
conjunto de la economía. El menoscabo consiguiente del bienestar de la
mayoría, muy apreciable en países como España, puede durar años y hasta
lustros, por las muchas dificultades que obstan la recuperación.
¿Cómo es posible, cabe preguntarse, que países avanzados en tantos
aspectos no previeran la crisis y tarden tanto en superarla? Tal cosa se
explica en políticos de la derecha para quienes el libre mercado es la
panacea de todos los males y no ven las fallas del sistema hasta que se
producen. ¿Pero y el PSOE? Un PSOE que durante 100 años fue
anticapitalista y que por ello debería haberse percatado de que por
debajo de las apariencias había una economía vulnerable a cuyas posibles
deficiencias había que estar atentos. Porque era y es evidente que la
redistribución de la riqueza que es la razón de ser de la
socialdemocracia no funciona bien si el capitalismo se gripa y se reduce
la riqueza que cabe redistribuir. De tan elemental premisa, no parece
que el PSOE tuviera cabal conciencia.
Y es que el PSOE al volverse socialdemócrata en 1979, lo que
seguramente era inevitable, llevó las cosas al extremo, erradicó de su
ideología todo recuerdo marxista y aplastó y acalló a la minoría que
como era su derecho en un partido plural quería conservar un poco del
análisis crítico respecto del capitalismo. Desde entonces el PSOE
perdió, por así decirlo, su alma izquierdista. Como el capitalismo
funcionaba, también lo hacía una socialdemocracia que no se metía en
muchas honduras y lograba en repetidas ocasiones el apoyo mayoritario de
los ciudadanos.
El PSOE no supo prever la crisis y cuando la
recesión amagó se aferró a un optimismo patológico más propio de
procapitalistas de toda la vida.
Así, el PSOE pudo gobernar en 21 años de los 35 transcurridos desde
el inicio de la transición a la democracia. No lo hizo mal, si nos
atenemos a logros como la consolidación de la democracia, la sujeción de
las fuerzas armadas al poder civil, la integración en Europa o los
avances de los derechos de la persona. Todo ello, hecho desde la
perspectiva de una socialdemocracia moderada, es encomiable, ¿pero no
podían haberse hecho mayores avances con un poco más de izquierdismo? No
porque haya que creer, movidos por fetichismos o dogmatismos, que una
política de izquierda es siempre mejor que una de centro izquierda, ya
que ello dependerá de las circunstancias. Pero precisamente las
circunstancias indican que si los gobiernos del PSOE hubieran tomado
medidas sociales y económicas de mayor fuste, la presión fiscal y el
gasto social, por ejemplo, no serían hoy en España inferiores a la media
europea y la crisis no nos hubiera golpeado tan duramente. Como también
el panorama actual sería mejor si en sus muchos años de gobierno los
socialistas hubieran hecho más reformas sectoriales, sociales,
laborales, fiscales y financieras para corregir la vulnerabilidad de
nuestra economía e impedido con ello, o al menos aliviado, la
devastación producida por la crisis.
Ante esta, el PSOE se encontró inerme. No supo preverla y cuando la
recesión amagó se aferró a un optimismo patológico más propio de
procapitalistas de toda la vida. Luego, frente a la cruda realidad,
empezó a tomar medidas tardías pero inevitables, sin explicar nunca sus
errores anteriores ni hacer el necesario análisis de las deficiencias de
la sociedad española, quizá porque esa sociedad es en parte hechura del
propio PSOE.
Como consecuencia de todo ello y aunque de un modo más bien
intuitivo, tres millones de personas dejaron de votar al PSOE en 2011
por considerarle, con razón, responsable en gran parte de la dureza de
la crisis. El varapalo, por previsible que fuera, dejó al PSOE tan
desconcertado, que no sabe qué hacer salvo fustigar con generalidades al
Gobierno por sus bruscos recortes y su poca sensibilidad social. Pero
lo que podría hacer el PSOE y no hace es un análisis de fondo del pasado
y del presente, con la consiguiente autocrítica. Nada indica que vaya a
hacerlo, aunque siempre hay un resquicio para la esperanza.
La victoria en Francia del candidato del partido socialista de ese
país, un partido que desde tiempos de Miterrand ha sido más de
izquierdas y más plural que el PSOE, puede incitar a la reflexión.
También lo ocurrido en Andalucía podría marcar una pauta para el futuro.
Aunque es arriesgado generalizar, el descenso del voto socialista y el
auge de Izquierda Unida aconsejan que el PSOE e IU se coliguen para
tener posibilidades de gobernar. Ello empujaría al PSOE hacia la
izquierda e incluso podría hacer que recuperara análisis políticos,
sociales y económicos que dejó de lado hace 40 años.
Francisco Bustelo es rector honorario de la Universidad Complutense.
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